Actualmente, el espectador de televisión está inmunizado ante ciertos contenidos con fuerte carga erótica, violenta o sexual. Ya no nos escandalizamos con nada. Mejor dicho, únicamente puede provocarnos estupor el hecho de que algún contenido carezca de cualquiera de estos ingredientes.
Estamos prácticamente insensibilizados ante programas que cada día intentan escandalizarnos con disputas acaloradas entre los miembros de algún debate. Y las estadísticas están ahí. Los momentos de máxima audiencia suelen coincidir con los más polémicos y bochornosos. ¿Quién pudo perderse la holocaustica pelea entre María Patiño y Bárbara Rey en "Dónde estás corazón"?, ¿Alguien no vió el esperado edredoning entre Melania y Piero, en Gran Hermano? Y, lo más importante: ¿Irá a prisión Isabel Pantoja?
Ciertas cosas deberían permanecer en el ámbito de la intimidad, por respeto a los protagonistas de los hechos y, en ocasiones, por respeto a la propia audiencia, que en ocasiones no demanda tanto sensacionalismo.
La audiencia tiene derecho a ser bien atendida, educada y formada, sin embargo, nunca se le da la oportunidad de elegir.
El ciudadano necesita de un medio que traspase los límites del tiempo y el espacio: la televisión. ¿Cuál es el problema? Que actualmente este medio (al igual que otros) está explotándose inadecuadamente. Y digo "inadecuadamente" para el espectador, y no para los grandes Pulitzer y Hearst televisivos de nuestros tiempos. El primero de ellos (el espectador) es el verdadero perdedor en esta historia, puesto que la televisión se instrumentaliza de manera que las opiniones y actitudes de éste respondan a ciertos objetivos creados en las altas esferas de los medios.
En grandísima medida, se nos está privando de conocimientos válidos e importantes, y este espacio es sustituído por la incursión en la vida ajena y el escándalo prefabricado. En definitiva, creo que se está distorsionando la formación de la opinión pública y que el ciudadano de a pie, por añadidura, no demanda un cambio urgente de contenidos.
Es sorprendente comprobar como, a lo largo de la historia, nos siguen manipulando con la antigua pero eficaz técnica del "Pan y circo". Proporcionemos entretenimiento al pueblo y éste no pensará en asuntos políticos ni de considerable envergadura.
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