Como futuros periodistas responsables de nuestras acciones, debemos ser conocedores de una cuestión que, enfocada de una manera u otra, marcará nuestra forma de actuación, es decir, nuestro "modus operandis" en el terreno profesional.
Convendría tener claro, pues, el significado de dos conceptos que, llevados a la práctica, se podrán materializar en determinadas consecuencias. Me refiero al "teleologismo" y al "deontologismo".
Todos tenemos ciertas metas en nuestra vida, que pueden ser más o menos importantes, pero que en cualquier caso, deseamos realizar. No obstante, cada uno pondrá su propio límite en el proceso. Es inherente al propio ser humano el afán de superación y de satisfacción de sus propias necesidades y objetivo. Prácticamente, todas las personas tienen sueños y deseos que cumplir. Sin embargo, no todos empleamos los mismos métodos para su consecución.
Esto también se aplica a la actividad periodística, con el matiz de que la forma de actuación del periodista tendrá una importante repercusión, debido a la innegable trascendencia social de su trabajo.
El profesional de la información podrá optar por un camino teleológico, en el cual, la premisa principal es la de que "el fin justifica los medios". En este caso, el sujeto no dudará en violar ciertas reglas morales con tal de conseguir sus objetivos. Estamos ante el ejemplo de aquel periodista al que no le importa ni lo más mínimo mentir, suplantar su personalidad o atentar contra la honorabilidad e intimidad de las personas siempre que, a pesar de ello o a través de ello, vea sastisfecho su objetivo.
Imaginemos, por ejemplo, un periodista que ha descubierto una trama de corrupción en el seno de un club de alterne. El jefe del mismo abusa sexualmente de las chicas que trabajan en el club, las obliga a drogarse y las humilla con palizas y malos tratos psicológicos. El periodista, en su afán de denunciar tal situación, publica el nombre del club de alterne, el del corrupto jefe y cada uno de los nombres y apellidos de las chicas que trabajan a su servicio. Es innegable el daño moral que sufrirán las chicas al ver publicados sus nombres en un medio de comunicación, puesto que este hecho se convertirá en el eslabón de una cadena de consecuencias (positivas o negativas) para ellas. Evidentemente, estas chicas habrían preferido conservar su anonimato y evitar los posibles contratiempos que de la publicación de sus nombres se deriven.
Por el contrario, el periodista que abraza el deontologismo respetará escrupulosamente las reglas morales, intentando no rechazar ninguna de ellas (por lo menos, de forma consciente). Este profesional guiará su actuación bajo los principios referidos a la veracidad, el respeto a la intimidad, el secreto profesional, etc.
Con respecto al ejemplo anterior, el periodista que actúa de forma deontológica, de ningún modo hubiera publicado el nombre de las trabajadoras del club, salvaguardando de ese modo su intimidad, anonimato y seguridad.
Es cierto que el sendero más fácil es el encarnado por el teleologismo, puesto que éste únicamente se guía por un único criterio: el de la consecución de un fin determinado.
Sin embargo, el deontologismo está sujeto a muchas más restricciones en virtud del respeto a otros valores.
Podríamos decir que el periodista ha de elegir entre el atajo o el camino largo; entre la autopista o la carretera comarcal. Es una cuestión de principios. Por ello, antes de decantarse por una u otra vía, el profesional de la información ha de valorar la satisfacción de obtener sus fines siguiendo un camino correcto, frente a la sensación de remordimiento que inevitablemente quedará ante un trabajo conseguido a costa de perjudicar a otros.
Convendría tener claro, pues, el significado de dos conceptos que, llevados a la práctica, se podrán materializar en determinadas consecuencias. Me refiero al "teleologismo" y al "deontologismo".
Todos tenemos ciertas metas en nuestra vida, que pueden ser más o menos importantes, pero que en cualquier caso, deseamos realizar. No obstante, cada uno pondrá su propio límite en el proceso. Es inherente al propio ser humano el afán de superación y de satisfacción de sus propias necesidades y objetivo. Prácticamente, todas las personas tienen sueños y deseos que cumplir. Sin embargo, no todos empleamos los mismos métodos para su consecución.
Esto también se aplica a la actividad periodística, con el matiz de que la forma de actuación del periodista tendrá una importante repercusión, debido a la innegable trascendencia social de su trabajo.
El profesional de la información podrá optar por un camino teleológico, en el cual, la premisa principal es la de que "el fin justifica los medios". En este caso, el sujeto no dudará en violar ciertas reglas morales con tal de conseguir sus objetivos. Estamos ante el ejemplo de aquel periodista al que no le importa ni lo más mínimo mentir, suplantar su personalidad o atentar contra la honorabilidad e intimidad de las personas siempre que, a pesar de ello o a través de ello, vea sastisfecho su objetivo.
Imaginemos, por ejemplo, un periodista que ha descubierto una trama de corrupción en el seno de un club de alterne. El jefe del mismo abusa sexualmente de las chicas que trabajan en el club, las obliga a drogarse y las humilla con palizas y malos tratos psicológicos. El periodista, en su afán de denunciar tal situación, publica el nombre del club de alterne, el del corrupto jefe y cada uno de los nombres y apellidos de las chicas que trabajan a su servicio. Es innegable el daño moral que sufrirán las chicas al ver publicados sus nombres en un medio de comunicación, puesto que este hecho se convertirá en el eslabón de una cadena de consecuencias (positivas o negativas) para ellas. Evidentemente, estas chicas habrían preferido conservar su anonimato y evitar los posibles contratiempos que de la publicación de sus nombres se deriven.
Por el contrario, el periodista que abraza el deontologismo respetará escrupulosamente las reglas morales, intentando no rechazar ninguna de ellas (por lo menos, de forma consciente). Este profesional guiará su actuación bajo los principios referidos a la veracidad, el respeto a la intimidad, el secreto profesional, etc.
Con respecto al ejemplo anterior, el periodista que actúa de forma deontológica, de ningún modo hubiera publicado el nombre de las trabajadoras del club, salvaguardando de ese modo su intimidad, anonimato y seguridad.
Es cierto que el sendero más fácil es el encarnado por el teleologismo, puesto que éste únicamente se guía por un único criterio: el de la consecución de un fin determinado.
Sin embargo, el deontologismo está sujeto a muchas más restricciones en virtud del respeto a otros valores.
Podríamos decir que el periodista ha de elegir entre el atajo o el camino largo; entre la autopista o la carretera comarcal. Es una cuestión de principios. Por ello, antes de decantarse por una u otra vía, el profesional de la información ha de valorar la satisfacción de obtener sus fines siguiendo un camino correcto, frente a la sensación de remordimiento que inevitablemente quedará ante un trabajo conseguido a costa de perjudicar a otros.
Fdo.: Mª del Rocío Muñoz Fernández
1 comentario:
quizas con el deontologismo nunca llegues a poder publicar esa noticia, porque necesitaras introducirte en esos sitios espiando y actuando de formas no morales, y esas chicas quizá sigan siendo acosadas.... no es un simple hecho de elegir un atajo o una autopista, sino en saber que elegir en cada momento. Un saludo
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