Nadie discute que la radio es el medio de comunicación más personal que existe. Esta naturaleza tan especial de la radio hace que posea un perfil de difusión, particularmente íntima de tú a tú, que no tienen los otros medios y que es uno de los principales ingredientes de su connotación mágica como medio de comunicación. Posee también un carácter selectivo que permite aislar la comunicación a grupos independientes de audiencia, sin tener que hacer grandes inversiones o incurrir en inmensos desperdicios de esfuerzo por el efecto de la dispersión.
Una de las características de este medio consiste en que su recepción es compatible con la realización de otras actividades, como, por ejemplo, conducir.
La radio suele ser escuchada de forma individual, por lo que se produce la personificación del mensaje. Es decir, se establece una íntima relación entre el oyente y el emisor del mensaje.
Este medio nos aporta una enorme inmediatez, sin embargo, a su vez, los mensajes son muy perecederos. Más, incluso, que los de la televisión. La agitada vida de hoy y la necesidad de información actualizada y de cultura en general por parte del individuo, le da a la inmediatez de la radio una gran ventaja competitiva. En el campo noticioso el medio ha superado a otros vehículos publicitarios en la difusión de un hecho de gran trascendencia en forma inmediata y a veces simultánea. En definitiva, la radio se mueve al ritmo de los acontecimientos, lo que la convierte en un medio muy demandado.
La radio permite la participación del público (a través de llamadas telefónicas, mensajes SMS…). El conjunto de todo ello hace que estemos ante un medio enormemente atractivo para la audiencia y con un gran poder sobre la misma gracias a las técnicas que emplea con el fin de persuadir.
Podemos citar un ejemplo de programa radiofónico en el que se combinan las técnicas persuasivas necesarias para atraer cada vez a más y más oyentes. Nos referimos al programa “Hablar por hablar”, emitido en la Cadena Ser en las madrugadas de lunes a viernes. Actualmente es presentado por la locutora Cristina Lasvignes.
La propia hora de comienzo del programa es un factor importante, puesto que a la una de la madrugada el oyente ya está solo, en casa, en la cama… Es decir, ya ha creado su propio espacio de intimidad. A esas horas de la noche es cuando la mente se despeja de todo lo sucedido durante el día. Así que, de entrada, el programa ya invade el propio espacio de intimidad del oyente, y no sólo eso, sino que, además, entra a formar parte de él y de su mundo.
Por otro lado, otra técnica persuasiva es la propia temática del programa. ¿Qué hay que interese más al ser humano que los cotilleos de los demás? Pues ahí tenemos otro truco. Se trata de que el oyente escuche de manera gratuita y anónima las intimidades de los demás, casi visualmente, como si estuviésemos observando a través de un agujero las vidas ajenas y que, además, contásemos con el consentimiento de sus protagonistas.
A todo ello se suma la sensualidad de la presentadora, que habla casi susurrando usando un tono de voz perfectamente modulada. Ello hace que la locutora encarne en un plano abstracto e imaginario el ideal de la mujer perfecta.
La conductora del programa se limita a escuchar y poco más, haciendo un inteligente uso de los silencios, que generan el ambiente ideal para que el interlocutor hable más y más… Es decir, en todo momento se obvia la argumentación por parte de la locutora, con el fin de que sea el interlocutor el que se desnude “en público”…
Con tono dulce, suave e insinuante (y con una velocidad muy calculada), la locutora únicamente susurra: “sí, sí…”, “ahá…”, etc. En otras palabras, se hace un inteligente uso de la retroalimentación o “feed-back”, para que, con palabras vacías, el oyente se sienta cómodo y escuchado.
Todas estas técnicas persuasivas llegan al más profundo subconsciente del oyente envolviéndolo en un halo de magia, de manera que le es imposible apagar la radio o cambiar de canal.
Muchas de las emisoras y programas están conducidas por personajes que se vuelven familiares ante la audiencia de unos segmentos específicos. Es el caso de los disc- jockeys, narradores, comentaristas deportivos, periodistas con gran influencia ante la opinión y una variedad de personalidades de la radio que van construyendo su propio "nicho" de audiencia. Esta situación particular del medio permite que la radio vaya generando un gran espíritu de lealtad ante sus oyentes.
En radio, el hábito obedece a una conjugación de factores culturales, a las costumbres que se heredan, a las necesidades de recreación, información y actualización permanentes. Este hábito tan consolidado del medio obedece, entre otros, a los siguientes factores:
- La costumbre de oír radio en ciertos momentos del día. Es muy frecuente que el oyente se habitúe a escuchar un determinado programa a una hora concreta.
- La calidad de la programación emitida. Ésta, normalmente, suele presentar un alto índice de credibilidad debido al contraste de la información.
- La imagen y credibilidad de los protagonistas de la noticia.
- La flexibilidad del medio por la multiplicidad de opciones.
- El "apego" y admiración a ciertos personajes del medio que se "enquistan" en la audiencia.
- El efecto de compañía y gratificación que produce la música de la predilección del oyente. La música, en este caso, suele servir de “gancho” para atraer la atención y fidelidad de los receptores.
- La influencia en el estado de ánimo de los oyentes (alegría, tristeza, concentración, meditación, reflexión, melancolía, nostalgia).
- La regionalización del medio.
- El manejo ortodoxo e independiente de la opinión ciudadana.
- La profundidad en los contenidos de temas específicos.
- La facilidad del intercambio internacional en cultura, información y recreación.
- La reacción inmediata del medio en el momento que se suceden los acontecimientos.
- La magia de la palabra, que simboliza la máxima expresión del ser humano.
Estos factores son los que dan a la radio la dimensión y dependencia del medio que lo mantendrá vigente y vital a través de los años, no importa ni el desarrollo de las comunicaciones ni el avance tecnológico de las mismas.
La radio, por tanto, está capacitada plenamente para competir con los diferentes medios de comunicación de masas existentes.
Una de las características de este medio consiste en que su recepción es compatible con la realización de otras actividades, como, por ejemplo, conducir.
La radio suele ser escuchada de forma individual, por lo que se produce la personificación del mensaje. Es decir, se establece una íntima relación entre el oyente y el emisor del mensaje.
Este medio nos aporta una enorme inmediatez, sin embargo, a su vez, los mensajes son muy perecederos. Más, incluso, que los de la televisión. La agitada vida de hoy y la necesidad de información actualizada y de cultura en general por parte del individuo, le da a la inmediatez de la radio una gran ventaja competitiva. En el campo noticioso el medio ha superado a otros vehículos publicitarios en la difusión de un hecho de gran trascendencia en forma inmediata y a veces simultánea. En definitiva, la radio se mueve al ritmo de los acontecimientos, lo que la convierte en un medio muy demandado.
La radio permite la participación del público (a través de llamadas telefónicas, mensajes SMS…). El conjunto de todo ello hace que estemos ante un medio enormemente atractivo para la audiencia y con un gran poder sobre la misma gracias a las técnicas que emplea con el fin de persuadir.
Podemos citar un ejemplo de programa radiofónico en el que se combinan las técnicas persuasivas necesarias para atraer cada vez a más y más oyentes. Nos referimos al programa “Hablar por hablar”, emitido en la Cadena Ser en las madrugadas de lunes a viernes. Actualmente es presentado por la locutora Cristina Lasvignes.
La propia hora de comienzo del programa es un factor importante, puesto que a la una de la madrugada el oyente ya está solo, en casa, en la cama… Es decir, ya ha creado su propio espacio de intimidad. A esas horas de la noche es cuando la mente se despeja de todo lo sucedido durante el día. Así que, de entrada, el programa ya invade el propio espacio de intimidad del oyente, y no sólo eso, sino que, además, entra a formar parte de él y de su mundo.
Por otro lado, otra técnica persuasiva es la propia temática del programa. ¿Qué hay que interese más al ser humano que los cotilleos de los demás? Pues ahí tenemos otro truco. Se trata de que el oyente escuche de manera gratuita y anónima las intimidades de los demás, casi visualmente, como si estuviésemos observando a través de un agujero las vidas ajenas y que, además, contásemos con el consentimiento de sus protagonistas.
A todo ello se suma la sensualidad de la presentadora, que habla casi susurrando usando un tono de voz perfectamente modulada. Ello hace que la locutora encarne en un plano abstracto e imaginario el ideal de la mujer perfecta.
La conductora del programa se limita a escuchar y poco más, haciendo un inteligente uso de los silencios, que generan el ambiente ideal para que el interlocutor hable más y más… Es decir, en todo momento se obvia la argumentación por parte de la locutora, con el fin de que sea el interlocutor el que se desnude “en público”…
Con tono dulce, suave e insinuante (y con una velocidad muy calculada), la locutora únicamente susurra: “sí, sí…”, “ahá…”, etc. En otras palabras, se hace un inteligente uso de la retroalimentación o “feed-back”, para que, con palabras vacías, el oyente se sienta cómodo y escuchado.
Todas estas técnicas persuasivas llegan al más profundo subconsciente del oyente envolviéndolo en un halo de magia, de manera que le es imposible apagar la radio o cambiar de canal.
Muchas de las emisoras y programas están conducidas por personajes que se vuelven familiares ante la audiencia de unos segmentos específicos. Es el caso de los disc- jockeys, narradores, comentaristas deportivos, periodistas con gran influencia ante la opinión y una variedad de personalidades de la radio que van construyendo su propio "nicho" de audiencia. Esta situación particular del medio permite que la radio vaya generando un gran espíritu de lealtad ante sus oyentes.
En radio, el hábito obedece a una conjugación de factores culturales, a las costumbres que se heredan, a las necesidades de recreación, información y actualización permanentes. Este hábito tan consolidado del medio obedece, entre otros, a los siguientes factores:
- La costumbre de oír radio en ciertos momentos del día. Es muy frecuente que el oyente se habitúe a escuchar un determinado programa a una hora concreta.
- La calidad de la programación emitida. Ésta, normalmente, suele presentar un alto índice de credibilidad debido al contraste de la información.
- La imagen y credibilidad de los protagonistas de la noticia.
- La flexibilidad del medio por la multiplicidad de opciones.
- El "apego" y admiración a ciertos personajes del medio que se "enquistan" en la audiencia.
- El efecto de compañía y gratificación que produce la música de la predilección del oyente. La música, en este caso, suele servir de “gancho” para atraer la atención y fidelidad de los receptores.
- La influencia en el estado de ánimo de los oyentes (alegría, tristeza, concentración, meditación, reflexión, melancolía, nostalgia).
- La regionalización del medio.
- El manejo ortodoxo e independiente de la opinión ciudadana.
- La profundidad en los contenidos de temas específicos.
- La facilidad del intercambio internacional en cultura, información y recreación.
- La reacción inmediata del medio en el momento que se suceden los acontecimientos.
- La magia de la palabra, que simboliza la máxima expresión del ser humano.
Estos factores son los que dan a la radio la dimensión y dependencia del medio que lo mantendrá vigente y vital a través de los años, no importa ni el desarrollo de las comunicaciones ni el avance tecnológico de las mismas.
La radio, por tanto, está capacitada plenamente para competir con los diferentes medios de comunicación de masas existentes.
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